domingo, julio 26, 2015

26 de julio 

Santa Ana - Día de mi onomástico y el de mi abuela paterna.

Fecha fatídica para nuestro país

Murieron Roberto Arlt - Eva Perón e Ignacio Corsini.  


Remito a los post anteriores de este mismo blog, a saber:  
fugasyvolcanes:                                              ... http://fugasyvolcanes.blogspot.com/2012/07/a-la-usanza-de-cronica-tv-otro-26-



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Pantallazos de los 26 de julio           http://fugasyvolcanes.blogspot.com/2011/07/pantallazos-de-los-26-de-julio-tenia.html?spref=tw
fugasyvolcanes: 26 de julio 

Santa Ana
casada de San Joaquín
Madr... http://fugasyvolcanes.blogspot.com/2006/07/26-de-julio-santa-ana-casada-de-san.html?spref=tw

sábado, julio 25, 2015

REPORTAJE A OSVALDO PUGLIESE
HOTEL PULLMAN
AMSTERDAM, NEDERLAND

     La vejez, ese crepúsculo, permite al hombre recorrer su vida y encontrarse con su destino. Siempre sostuve que el tango es para adultos: una música que conlleva una manera de ver el mundo que sólo se puede sentir después de tener determinadas experiencias en la vida: cuando ya a uno se le cruzó la desilusión en el camino, cuando el desengaño lo toca con su marca indeleble, cuando la única protección, la única manera de relativizar, es la ironía sobre uno mismo. Es en ese momento de relativizar, de la ironía sobre uno mismo. Es en ese momento de la vida en que el hombre de Buenos Aires, que en su adolescencia desprecia su música ciudadana, se encuentra reflejado en el espejo del tango. Sin embargo, nunca pude imaginarme al tango como algo de gente vieja. Su carácter vital, pasional me lo impide. Esto es tal vez un gran prejuicio arrogante del que se siente todavía joven: considerar a la vejez incapaz de vitalidad, incapaz de pasión.    
Osvaldo Pugliese, 84 años en diciembre, 70 años de tango, 50 de orquesta típica propia lleva con pasión y vida una vejez de esas que nos sacuden, que nos sacan de las arrogancias y de los prejuicios, que nos confirman en la creencia de que los viejos no sólo sirven para el basurero de la sociedad. 
       Dependiente de Lidia de quien, como buen hombre de Buenos Aires, habla con consideración: "Ella es mi amiga, mi madre, mi señora, mi novia...  ¿Está churrasca todavía, no?"
Delgado, sordo, débil casi, hasta sentarse al piano, Osvaldo Pugliese es el creador de un estilo revolucionario del tango y el sintetizador de una orquesta que cuando se presenta mueve los cimientos de la sangre.
     Los años lo hacen a Pugliese mirarse en el espejo del pasado con cariño y con modestia, con humor y con ironía. En su retrospectiva, al volver a ver su vida sabiamente Pugliese encuentra al tango en su destino. El tango se le cruza desde su nacimiento, como vivencia cotidiana.
     Hijo de argentinos, nieto de italianos -todavía está buscando si venían de la Puglia [de dónde derivaría su patronímico] o de la Calabria- Pugliese nace en 1905 "en el mejor barrio del mundo: el barrio de Villa Crespo.”
     “En aquel entonces el barrio era de criollos y porteños, después se fue transformando, vinieron las inmigraciones de tanos, de gallegos, de judíos y el barrio fue cambiando. El barrio es una parte fundamental porque el tango nació en el barrio, en las orillas de los barrios y comenzó a propalarse en los conventillos, en los bailes de patios, en los bailes de salón, en los cafés...
     Yo vivía en una casa larga que tenía distintos de departamentos. En uno de esos departamentos vivíamos nosotros con dos piezas, una cocina y nos bañabamos en una tina que teníamos debajo de una canilla y cuando no me bañaba ahí, me bañaba en el arroyo Maldonado.
En el conventiyo vivíamos nosotros, un librero llamado Gleizer -editor y descubridor de muchos poetas argentinos- que tenía la librería al lado, un pianista que se llamaba Juan Sassone y vivía una familia, Gregorio. Yo iba a jugar al billar con uno de los miembros de la familia. El patio era un lugar en donde se encontraban y conversaban de las cosas comunes del día, conversaban de muchas cosas, sobre todo las mujeres… Pero después también se armaban milongas  -bailes-  y yo las he visto donde a la nochecita se reunían todos. Salían todos: salían las mujeres, salían los hombres y se ponían a bailar. ¡Fenómeno era! Yo era pibe y me gustaba. Yo, por mí, hubiese seguido viviviendo en el conventiyo hasta ahora.”
Pugliese habla con el acento del barrio, su voz es inimaginablemente afinada, aguda, pero encuentra su mejor forma de expresión en nuestra manera de hablar cotidiana, nuestra manera de hablar de cuando estamos en confianza. Pugliese usa esas palabras de entrecasa, de familia:
     "Yo tocaba el violín de oreja. El piano que me trajo el viejo fue un cachivache, pero me lo compró. Yo trabajaba en una imprenta de tipógrafo y cuando salí del trabajo, voy a mi casa y me encuentro con el piano y digo: “«Papá, ¿qué es esto?» «¡Esto es para vos. Tengo un hijo violinista, otro hijo violinista…¡No! ¡Va a estudiar el piano!». Yo tenía catorce años. Ahí empecé a estudiar. Mi padre tocaba en los cuartetos y mi vieja estaba en la cocina. Tocaba en los bailes, en el Bel Paese en la calle Olleros, al lado de una comisaría, tocaba en la General Paz, en la Mariano Moreno, tocaba en la colonia italiana con los cuartetos. Inclusive yo, cuando empecé a tocar el piano, me llevaba a tocar y ahí me decía: «Vos tocás el piano, pero no te olvides de que estás tocando y están bailando, mirá los pies de los bailarines… Si los pies de los bailarines van bien, vos vas bien, pero si los pies de los bailarines van mal, vos mandate a mudar, no toqués más.»
Yo he visto bailar el tango en las esquinas entre hombres: un tipo se lo enseñaba a otro. Ésa era la razón de que lo bailaran entre hombres. Lo vi bailar incluso entre dos vigilantes…
     Yo empecé tocando El apache argentino, El cachafaz, Independencia, El choclo, El caifaz. El público iba a vernos [la voz se le pone redonda, llena de la satisfacción del recuerdo] eran tangueros mil por mil, mujeres y hombres, chicas, viejos y grandes, con barba y sin barba. Eran porteños con melena, bien pintados y las chicas se vestían con polleras cortas, angostas, bien milongueras.”
 A Pugliese se lo conoce como uno de los presursores del modernismo en el tango a raíz de su tango Recuerdo, de 1924, un tango con un desarrollo melódico imprevisto para la época, con tres partes melódicas de un absoluto preciosismo, con un juego de melodía y contramelodía característico en la segunda parte y con una variación que fue una de las primeras que se implantaron en el tango. Recuerdo es junto con La yumba, su tango más conocido.
     "Yo tocaba en un café que tenía el nombre de La Chancha, a media cuadra del Arroyo Maldonado, que no estaba entubado. Le decían el café de La Chancha porque todos los sábados venía un tipo vecino con unos amigos, eran seis, siete, diez amigos, entraba con la guitarra, ponía las mesas a lo largo, ponía el vino y dele cantar y se mamaba.”
Yo lo interrumpo y le pregunto si ese era La Chancha del que habla la poesía de Julián Centeya: "... tiempos de La Chancha
que se lo lastraron en Boedo ... "
-    "Sí, yo no lo vi más. Lo mataron de una puñalada. Después de un tiempo, cuando tocaba en el Teatro Victoria, cuando íbamos con el bandoneonista Alfredo de Franco los dos en un coche y pasamos por ahí me dijo, cerca del café: «Mirá aquí lo mataron a La Chancha de una puñalada.» ¡Era Carnaval!...”
Sale de su laberinto, continúa:
     “Cuando tomaba el tranvía 96 para ir ahí, ahí se me ocurrió una melodía que es la primera parte del tango Recuerdo. Bueno, la retuve en la memoria porque todavía no sabía escribir y cuando llegué a mi casa, a la mañana siguiente empecé a garabatearlo en el piano. Así fue surgiendo la segunda cuando yo me mudé del conventillo de la calle Triunvirato [actual Corrientes] donde vivía cuando trabajaba en el café de La Chancha a una casa de familia de la calle Gurruchaga. Recuerdo no fue hecho de inmediato… Esas cosas de pibe que uno tiene en la cabeza y después lo terminé en el año 24 que se me ocurrió ponerle la variación.”
Julio De Caro, que marcó una etapa en la historia del tango a tal punto que se habla de tango predecariano y postdecariano, dice: "Recuerdo es un tango del año 3000. Tiene un concepto moderno en su armonía, en su desarrollo melódico, en los colores del sonido, en las tonalidades de las fiorituras de los bandoneones, en los arpegios. La variación que le agregó después le da un gran impulso. Es un baluarte."
     Recuerdo tiene además una historia íntima que Pugliese cuenta con la comprensión que un hombre que esta de vuelta en el camino de la vida tiene por las aventuras juveniles:  
     “Yo había hecho Recuerdo en 1924 y había hecho una gira en el 27, 28 con una compañía que se llamaba Su Majestad, el Tango con la orquesta de Pedro Maffia, con Libertad Lamarque, un actor, un dúo folklórico, un bailarín y un recitador. Recuerdo estaba teniendo un gran éxito y yo recibo en Rosario una carta de mi padre intimándome para que vaya a Buenos Aires urgentemente. En esa carta me puteaba... Nunca recibí tantos insultos y puteadas de mi viejo ¡Jamás! Era un hombre que me dejaba hacer lo que quería… Bueno, me fui rajando de Rosario para Buenos Aires y me empieza a insultar de arriba abajo. «Pero, ¿qué pasa? Decime lo que pasa…» «¿Còmo qué pasa? Sos un idiota… Resulta que en un baile a una chica las sacó alguien a bailar, se la afiló y parece ser que se portó mal y me habían citado a mí en la Comisaría 21 y el viejo estaba completamente enardecido. Bueno, me hago presente en la comisaría, me mira el oficial, había un sillón, una señora y una chica y dice: «¡Aquí está! ¿Es éste?» La chica dijo: «No, éste no es!» ¿Qué pasaba? Que había uno que vivía enfrente de donde yo vivía y mientras que estaban bailando, tocaron el tango Recuerdo y le dijo: «¡Ése tango es mío, yo soy el autor!» Yo me llevé un disgusto, pero despuéss el viejo se quedó tranquilo, la familia se quedó tranquila…”
Lidia, que sigue la conversación con atención y solicitud, agrega:
“El papá y los hermanos que eran músicos y cada día le insistían en que les tocase el tema en el piano porque veían que había algo que estaba surgiendo, algo distinto que se iba formando hasta que él realmente termina la obra en un momento en que no había trabajo para su padre que era flautista porque se empezaba a tocar sin flauta. Entonces el padre sin trabajo empieza a vender partituras musicales. Osvaldo, que era un muchacho, le dice: «Mirá, te gusta tanto el tango, editátelo.» Y se lo da al padre, pero fue un tango que empezó a tener tanto éxito que el papá le dijo: «No, vení, vamos a ir a registrarlo. El tango es tuyo, vos sos el autor del tango.» Y es así que hay una primera edición del tango que dice A. Pugliese y después recién cuando el tango tiene registro legal aparece el nombre de él.”

Recuerdo tiene una letra que se la pone Eduardo Moreno, poeta y periodista, "otro amigo de Villa Crespo”. Una mujer, Juanita Monteamor, fue la primera que lo grabó con texto, aunque hay muy pocas versiones cantadas. La letra original, mezcla de un romanticismo tardío con referencias a temas y situaciones típicas del tango a la que luego se le agregan una parte para la variación, aparece absolutamente castrada en las versiones cantadas e impresas. La única versión grabada completa es la de Carmen Duval que incluye la variación. La última versión de Pugliese con Jorge Maciel reduce totalmente el texto. La razón del Maestro con respecto a esto es un misterio. También es un misterio el por qué su orquesta interpreta muchos tangos como Los mareados y La mariposa, famosos por sus letras, sólo instrumentalmente.
     “Antes de Recuerdo yo toqué la Paquita Bernardo en bar Domínguez. Con la Paquita Bernardo vi desfilar a todos los músicos de Buenos Aires, querían verla.”
Con Paquita Bernardo ganaba siete pesos por día y el maestro de piano le dice que le vendría bien trabajar en el cine para estar practicando todo el día y él sacrifica siete pesos por día para pasar a ganar cuarenta por mes, por el deseo de aprender.
     Por encima de la parte económica, “como buen hijo, tocaba en el Café y a la mañana venía y le decía: «Vieja, tomá!»”
     Tocaba en el cine Los Andes en la calle Federico Lacroze. Su mejor memoria de aquel entonces es cuando se produce la pelea de Dempsey y Firpo:
"Yo me la vi como cuarenta veces y cuando viene el momento donde Firpo lo tira fuera del ring, se acabó el piano! ¡La patada arriba de las teclas! Venía el acomodador, me encendía la linterna y me decía: «¿Qué estás haciendo? ¡Tocá el piano!» «¿Y qué estoy haciendo?» le contestaba mientras saltaba sobre el teclado.
     Yo toqué en el café ABC de la calle Canning y Rivera con un cuarteto, con músicos ya probados en el centro, el bandoneón, Enrique Pollet, el violín, un tal Perrone que no lo vi más y el Rengo Marquiano que le faltaban las dos piernas!” [“¡Lindo rengo!, digo yo.]
En el ABC lo escucha Pedro Laurenz y se lo lleva a Julio de Caro que es el primero que graba Recuerdo.
     "Y de ahí pasé al café El parque en la calle Talcahuano y Lavalle con Enrique Pollet de bandoneón, De Grandis de violín y el Zurdito Franco que tocaba con la mano izquierda y ahí me viene a ver Pedro Maffia y ahí comenzó mi carrera como carrera como pianista de Orquesta Típica.
     El tango era muy popular, daba de comer a mucha gente entre otros a las mujeres y las mujeres formaban sus propios conjuntos y existían cafés donde había orquestas de señoritas. Pero en los cafés de Buenos Aires, por ejemplo, en Carlos Pellegrini y Avenida de Mayo en el café Colón había orquestas de señoritas.”
La primera orquesta es de agosto de 1939. El primer cantor fue Amadeo Mandarino, que después fue a trabajar con Troilo, después Rubino, Gautier, Olmedo, poco tiempo, Chanel, que se retira de la orquesta diez años después en el 49, y Alberto Morán. Después debuta Cobos, Vidal, Maciel. Ante la pregunta sobre en qué momento de sus cincuenta años de orquesta típica sintió la orquesta como más propia, responde: "Cada minuto, cada nota, cada escritura, cada actuación es el corazón y la mente que uno pone ahí, todo momento.”
     Pugliese mantiene un eje rítmico absolutamente armónico en una orquesta donde él es el único "anciano", una orquesta en donde permite la iniciativa y la creación privada: Roberto Álvarez es, además de primer bandoneón, arreglador y compositor, autor de Chacabuqueando, el segundo bandoneón, Alejandro Prevignano, es autor de Ensayando, el segundo violín, Diego Lerendegui es arreglador y además es el director de una orquesta de mujeres, Papirusas.
     A Pugliese le gusta trabajar con los jóvenes, "…si es con chupete, mejor!” La orquesta está formada con un gran porcentaje de gente joven salida del taller de la orquesta: un primer violín de veintisiete años, Fernando Rodríguez, amante de la poesía, Diego Lerendegui, de veintiocho, un tercer violín, Gabriel Rivas, de veintitrés, lector de Roberto Arlt en los ratos libres, un bandoneonista de diecisiete años, Héctor de Curto, un violoncello -el último en integrarse en la orquesta- de veintiséis años, Patricio Villarejo, y un cantor de veinticinco, Adrián Guida, que se siente tanguero de los tiempos viejos y que desarrolló en los nueve años que lleva con Pugliese, toda una personalidad interpretativa. La veteranía y la experiencia se reparte entre Álvarez, Prevignano y Lapinta, bandoneonistas, Merei Brain, viola, Amílcar Tolosa, contrabajo, y Abel Córdoba, que desde hace veinticinco años es cantor en la orquesta. Todos, sin excepción, se sienten privilegiados de formar parte. Unos más, otros menos, todos, independientemente de la edad, se sienten tangueros de ley, todos sienten al tango como algo más que la música que interpretan. Todos lo sienten como una manera de vivir, de pensar, de sentir. Paradójicamente casi ninguno baila el tango que llevan en el alma.
     Ante la perspectiva de que la orquesta deje de actuar, las respuestas de los integrantes son variadas. Nadie sabe si alguien puede cumplir el rol de aglutinador de Pugliese. Todos están convencidos de que tienen que seguir con el tango, juntos si fuera posible, o separados.
     La angustia por la inseguridad económica de los argentinos puede también determinar el futuro: mantener una orquesta típica es casi imposible. Muchos de los músicos tienen dos trabajos para sobrevivir, a veces en cosas afines a la música, otras, no. Además de la inestabilidad económica la figura de Pugliese es determinante. Algunos piensan que no se podría sin él hacer mantener esa coherencia interpretativa, otros piensan que de cualquier manera, Pugliese es una escuela.
     Pugliese mismo se niega a reconocerse como creador de una escuela, de un estilo y se minimiza: "Yo soy vendedor de diarios. Yo no represento nada.”
     Lidia acota que a Pugliese lo único que le interesa de su fama es en función de los sueños de sus padres y cuenta en forma conmovedora esta anécdota: “La madre sabía, dentro de su humildad, que los grandes artistas argentinos, los grandes artistas mundiales iban al Teatro Colón, entonces, cuando él era jovencito y tocaba el piano, ella se ponía en el marco de la puerta y le decía: «¡Al Colón! ¡Al Colón!»”
     Con el paso del tiempo el público repitió, multiplicado, infinidad de veces, ese grito que es una manera argentina de reconocer el talento y los méritos de un artista, ya que el Colón es el mejor teatro argentino y uno de los más conocidos del mundo.
     Y en 1985, cuando su madre ya no estaba, cuando la multitud de pie, ya dentro del Colón, en el límite del paroxismo, aplaudía su triunfo repitiendo enardecida: «¡Al Colón! ¡Al Colón!»”, Osvaldo Pugliese, con su vocecita dijo: “Con el permiso de todos ustedes, quiero dedicar este recital a mi vieja…”
     Ya al final Pugliese sintetiza:
     "Yo me siento un trabajador de la música popular, minga de sentirse artista, minga de maestro, ni ningún tíitulo que le otorgue a uno cierta personalidad, cero al as, absolutamente nada, laburante de la música popular, punto. Ahí estoy yo, en otra tesitura no, primeramente que no me siento… segundo, que no voy a desestimar la labor de otros profesionales que son tan dignos y muchos han hecho mucho por la música popular y le voy a nombrar: primera etapa, los principales: Villoldo, Bevilacqua, Saborido. Otra etapa más: Arolas, Bardi, Cobián. Otra etapa más: Firpo, Canaro, Fresedo. Viene la etapa decariana: De Caro, Maffia, Laurenz.  Viene la etapa del cuarenta: D'Arienzo, Di Sarli, Aníbal Troilo, aparte que hay otros y el que habla también aparece en esa etapa. Después viene la etapa progresiva técnicamente: Piazzolla, Rovira, Salgán.”
     "De cualquier modo -es mi última observación- Pugliese es en este momento una escuela, un bastión, un símbolo del tango."
Con dificultad y cansancio finalmente me oye:
“¿Qué escuela, qué símbolo? Un rasca cualunque."
Y se queda callado, ensimismado, como atado a su pasado, a su destino... y en el último silencio, su madre recostada en el marco de la puerta y el eco atronador, cóncavo de la multitud: ¡Al Colón! ¡Al Colón!"



® © Ana Sebastián, Amsterdam, 25-6-89.
Publicado en VPRO Gids 42 21 t/m 27 october 1989.
Fotos: Ronald Hoeben.
Ilustraciones: Jola Hesselberth.

 VPRO OMROEP.